domingo, 13 de junio de 2010

Tierra a la vista...


El verano se acerca y con él acaba la primera jornada de este viaje. Se avista tierra, pero la Cólquide aún está lejos... Argonautas, no dejéis que el temporal de los exámenes os haga perder el rumbo. El temporal siempre pasa, y permanece el camino. Espero que todos -los que acabáis ahora, los que tenéis asignaturas en septiembre- paséis un buen verano y encontréis tiempo para todo. En septiembre se pondrá de nuevo en marcha este blog: será la segunda jornada del viaje. Allí nos vemos.

lunes, 15 de marzo de 2010

La odisea de enseñar

Qué tienen ver Odiseo y su viaje con el trabajo de un profesor, de cualquier especialidad y en cualquier nivel educativo: que enseñar implica volver muchas veces sobre muchas cosas. Emprender de nuevo un viaje a primera vista conocido, pero que en cada travesía te sorprende con nuevos sobresaltos; enfrentarse a peligros que uno creía haber superado, y encontrar que los obstáculos ya no son los mismos, que la isla de Circe ahora se alza inofensiva y desierta, mientras que el mar se agita en turbulencias donde otra vez estuvo en calma.

Cada año, la Facultad de Filología y el departamento de Filología griega y latina rinden homenaje al profesor José Vallejo (1896-1959), catedrático de latín que falleció sin hijos y legó al departamento su patrimonio con objeto de dotar un premio que reconociese al estudiante con mejor expediente licenciado en Filología Clásica dos años antes del momento de la entrega. Vallejo no publicó en su vida trabajos de relevancia para el avance científico de la lengua latina. El número de sus publicaciones importantes apenas sobrepasa la decena. Fue sobre todo un buen profesor, amigo de sus alumnos y maestro de filólogos. Un hombre que dedicó media vida a estudiar, aprender sin cese, pero sin publicar cuanto sabía; la otra media a enseñar. Paradigma del docente que nunca deja de ser aprendiz. El acto de homenaje, que tendrá lugar mañana a las 12.00 en el paraninfo de la universidad, irá acompañado de una conferencia pronunciada por el Prof. Alberto Bernabé, de la Universidad Complutense, que llevará por título "Por qué leer la Odisea".

Posiblemente algunos de los lectores de este blog tengan la intención de dedicarse, de una manera u otra, a la enseñanza. Desde vuestro punto de vista y experiencia, ¿cuál creéis que sería vuestra aportación a la pedagogía que lleváis sufriendo desde niños? ¿Qué haríais definitivamente y qué no haríais nunca si, además de filólogos, llegáis a convertiros en profesores? Deja tus ideas...

martes, 2 de marzo de 2010

Albergaba el huésped una herida

Sería un entretenimiento curioso -y hoy día bastante sencillo, gracias a internet- recopilar las diferentes acepciones que la palabra "griego" y, en general, "lo griego", adquieren en determinados contextos conversacionales actuales cuando se los pone en relación con el amor y el espacio de lo erótico. Las acepciones recogidas serían muchas, y posiblemente ninguna buena. Amor griego o amor a la griega se han ido cargando a lo largo del tiempo de un enorme peso cultural, que los identifica con la homosexualidad, el amor libre, el sexo puramente hedonista y, en general, cualquier práctica amorosa frívola que no se ampare en el monógamo celo del matrimonio católico. Y no sólo por desconocimiento o prejuicio.

Cualquiera que se acerque a la literatura griega por primera vez se sonrojará, probablemente, ante la descarada evidencia con que las escenas eróticas se presentan al lector. El amor sexual se nos da a conocer en los textos con una naturalidad y una frescura que no han vuelto a repetirse en la Historia de Occidente. Pero eso no es todo. El que no vea en la cultura erótica griega nada más allá de una orgía polisexual favorecida por los excesos de Dioniso estará muy lejos de comprender quiénes fueron y cómo amaron los griegos. Al menos, tan lejos como están aquellos que piensan que los griegos se pasaban las tardes tocando la lira y declamando filosofía para hacerse unos a otros más llevadero el celibato. Y que a las diez estaban en la cama.

Definitivamente no. Porque Platón, en una cena memorable, se hizo eco de ciertos versos que Safo había pronunciado ya muchos años antes, y razonó lo que los griegos de entonces ya sabían: que Afrodita era doble, y que junto a la diosa insaciable y libidinosa que no calmaba nunca sus apetitos por bajo que la llevasen, existía otra, inasible y áurea, que purificaba el mundo con rozarlo de la yema de sus dedos. Ellos son los que inventaron que el amor está por encima de nosotros mismos; que nos saca de estas miserias y, dándonos alas como las de un pájaro, nos lleva muy arriba, a la altura de las ideas que no perecen; que nos diviniza, y que la sola presencia del amor en nosotros implica que hay algo de divinidad en nosotros; que nos eterniza y nos hace vencer la barrera de la muerte y la fugacidad a la que nos condena. Este amor que hemos vivido con Tristán e Isolda, con Romeo y Julieta, amor más allá de la muerte, es otro de los regalos -un regalo envenenado, por cierto- que nos han dejado los griegos.
El amor en Grecia es el tema de una conferencia que el profesor Francisco R. Adrados impartirá mañana a las 12.00 en nuestra facultad. Espero contar con la asistencia de todos los lectores de este blog, y que esta entrada sea el lugar donde dejéis vuestro parecer sobre lo que allí se diga.