jueves, 21 de enero de 2010

Actualidad universitaria

Hace tres días la emisión de un telediario nacional hizo saltar la alarma de que los estatutos de la Universidad de Sevilla permiten a sus estudiantes copiar en los exámenes. Ya que esta normativa fue aprobada por el claustro universitario en septiembre, y todas las resoluciones del claustro se envían por correo electrónico a la comunidad docente al completo, no entraré a discutir si es que el profesorado de esta universidad ignora sistemáticamente las notificaciones del rector o si, más bien, las lee pero necesita que la televisión le aclare el verdadero sentido de lo que han leído. Tampoco quiero detenerme en señalar, como seguramente han hecho otros, el absurdo de que la polémica en torno a una formalidad administrativa deje en segundo plano la discusión de los verdaderos problemas que afronta en la actualidad una universidad en crisis. Por otra parte, me pregunto si no estará ocurriendo en este país nada más importante para que una emisora nacional difunda semejante estupidez con tres meses de retraso. Pero la metáfora del alumno que copia era demasiado buena para dejarla pasar de balde.

La generación que ha comenzado a estudiar este curso –que probablemente pasará a la historia como la primera promoción que pudo copiar- se encuentra en una situación, según me parece, por completo novedosa en el ámbito académico: por primera vez los estudiantes son enteramente responsables de su propia formación. Entiéndase bien: un alumno siempre ha sido y es el último responsable de lo que aprende, pero, al menos hasta este momento, la universidad se preocupaba por posibilitar y, en la medida en que podía, exigir, un nivel de formación en sus alumnos que superaba con mucho las exigencias de la orientación profesional de sus titulaciones. La institución, en principio, no estaba diseñada para facultar trabajadores cualificados sino, ante todo, hombres y mujeres formados que, además de competentes en su especialidad, fueran también, al menos idealmente, personas cultas.

Y esto no incumbe, en contra de lo que se suele pensar, exclusivamente a las carreras de Humanidades que carecen de una aplicación práctica inmediata. En la misma medida la preparación universitaria de un licenciado en Física abarca un espectro de conocimiento mucho mayor de la que requerirá el titulado cuando se instale en el mundo laboral; un médico recibe una formación mucho más amplia de la que aplicará en el futuro según su oportuna especialización; y a un abogado se le exige –se le exigía- dominar toda una serie de materias que sobrepasan los recursos de que se servirá en el ejercicio de sus funciones. Lo mismo un filólogo no tiene que estar al día en cuestiones de lingüística indoeuropea para enseñar el rosa, rosae a los estudiantes de bachillerato.

Pues si médicos, arquitectos, historiadores y filósofos no necesitan técnicamente esas aptitudes para desarrollar sus trabajos con mediana dignidad, ¿para qué mantener todos estos costosos programas universitarios, bajo la égida de posibilitar la reflexión madura sobre los temas más controvertidos, y contribuir de esta forma al avance de la ciencia? Mejor asumir la pérdida de un espacio de libre intercambio intelectual cuyo mantenimiento es, a todas luces, poco rentable. Por eso, desde el momento en que la formación humana ha dejado de ser uno de los objetivos de una universidad convertida, ya de manera oficial, en una cómoda máquina expendedora de títulos, ¿a qué tanto revuelo por permitir que los alumnos copien en los exámenes, si ésta es una medida que contribuye legítimamente a la mejor consecución de los objetivos propuestos?

El proceso ya está completo y no hay vuelta atrás. La universidad ha sido la última en caer, pero ha caído, y ahora está integrada en el esquema educativo normal que ha programado el Estado. El objetivo, en mi opinión, es simple y se deduce rápidamente de la mera observación de la reforma de Bolonia: reducir definitivamente los contenidos de las titulaciones, priorizando según el rasero de las necesidades profesionales estadísticamente más relevantes en cada sector. Y, a modo de caramelito para los disidentes, el reluciente máster, que ampliará los horizontes de expectativas de los afortunados que puedan pagárselo. Pero hay que conocer muy poco al ser humano para pensar que una persona con 25 años y una carrera acabada va a querer emprender un máster sin proyección directa en el mercado laboral, donde la alta especialización se combine con la reflexión mediante la profundización en los problemas más serios de las disciplinas científicas. Dudo incluso que tales másteres se oferten. Porque para adentrarse, sin ánimo de beneficio ni lucro, en la batalla perdida de las ciencias humanas hay que ser un don Quijote reincidente, o tener 18 años y mirar el futuro con la tranquilidad de que el tiempo que queda es tanto que merece la pena desperdiciarlo desentrañando sutilezas de rara filosofía.

Así que acabemos con esta hipocresía y dejemos que los alumnos se copien, como llevan haciendo toda la vida, porque si lo que han venido a buscar aquí es un lugar para la reflexión trascendental, la discusión de la ciencia y la educación del espíritu, me temo que se han equivocado por completo de sitio.

3 comentarios:

  1. Yo mismo llevo pensando que me he equivocado de sitio desde hace un par de meses... aunque debo decir que se encuentra muy buen material humano entre el alumnado. ¿Será cosa de la juventud?. Seguro. Desde luego, hasta ahora, no diferencio a la universidad de una empresa y sus cursos de formación.

    El estigma del "título regalado" lleva con la universidad privada desde que tengo uso de razón. ¿Es esto un paso más para la privatización total? xD. Los amigos de las conspiraciones sabrán apreciar este comentario.

    Una cosa más... ¿me ha parecido oír últimamente que quieren eliminar filosofía del bachillerato? Creo que formaba parte del proyecto del PP. ¿Alguien sabe algo más? Y, ¿qué os parecería la idea? ¿Os imagináis a alguien de 18 años que no haya oído hablar de Platón?

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  2. me lo imagino, de hecho ahora mismo se estudia en los institutos y los bachilleres siguen sin tener ni idea !
    muy triste, yo prefiero en estos momentos no darle vueltas en cómo se puede convertir esto porque sino ya es cuando no sobrevivo a febrero, suerte a todos !!

    si no te importa Rodrigo, reflexionaré profundamente despues del dia 11

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  3. Gracias a los dos por escribir, aunque sé que estáis muy ocupados con todos esos exámenes. No dejéis que os amarguen la existencia.
    Y, sobre todo, no permitáis que os estafen con vuestra formación. Sois vosotros los que, ahora más que nunca, tenéis que exigir una formación digna y de calidad. No dejéis que sigan sonando a vacío esas palabras.

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