martes, 2 de marzo de 2010

Albergaba el huésped una herida

Sería un entretenimiento curioso -y hoy día bastante sencillo, gracias a internet- recopilar las diferentes acepciones que la palabra "griego" y, en general, "lo griego", adquieren en determinados contextos conversacionales actuales cuando se los pone en relación con el amor y el espacio de lo erótico. Las acepciones recogidas serían muchas, y posiblemente ninguna buena. Amor griego o amor a la griega se han ido cargando a lo largo del tiempo de un enorme peso cultural, que los identifica con la homosexualidad, el amor libre, el sexo puramente hedonista y, en general, cualquier práctica amorosa frívola que no se ampare en el monógamo celo del matrimonio católico. Y no sólo por desconocimiento o prejuicio.

Cualquiera que se acerque a la literatura griega por primera vez se sonrojará, probablemente, ante la descarada evidencia con que las escenas eróticas se presentan al lector. El amor sexual se nos da a conocer en los textos con una naturalidad y una frescura que no han vuelto a repetirse en la Historia de Occidente. Pero eso no es todo. El que no vea en la cultura erótica griega nada más allá de una orgía polisexual favorecida por los excesos de Dioniso estará muy lejos de comprender quiénes fueron y cómo amaron los griegos. Al menos, tan lejos como están aquellos que piensan que los griegos se pasaban las tardes tocando la lira y declamando filosofía para hacerse unos a otros más llevadero el celibato. Y que a las diez estaban en la cama.

Definitivamente no. Porque Platón, en una cena memorable, se hizo eco de ciertos versos que Safo había pronunciado ya muchos años antes, y razonó lo que los griegos de entonces ya sabían: que Afrodita era doble, y que junto a la diosa insaciable y libidinosa que no calmaba nunca sus apetitos por bajo que la llevasen, existía otra, inasible y áurea, que purificaba el mundo con rozarlo de la yema de sus dedos. Ellos son los que inventaron que el amor está por encima de nosotros mismos; que nos saca de estas miserias y, dándonos alas como las de un pájaro, nos lleva muy arriba, a la altura de las ideas que no perecen; que nos diviniza, y que la sola presencia del amor en nosotros implica que hay algo de divinidad en nosotros; que nos eterniza y nos hace vencer la barrera de la muerte y la fugacidad a la que nos condena. Este amor que hemos vivido con Tristán e Isolda, con Romeo y Julieta, amor más allá de la muerte, es otro de los regalos -un regalo envenenado, por cierto- que nos han dejado los griegos.
El amor en Grecia es el tema de una conferencia que el profesor Francisco R. Adrados impartirá mañana a las 12.00 en nuestra facultad. Espero contar con la asistencia de todos los lectores de este blog, y que esta entrada sea el lugar donde dejéis vuestro parecer sobre lo que allí se diga.

5 comentarios:

  1. Parece que llego tarde a esta entrada pero bueno, tengo ganas de comentarla.

    Para empezar, empiezo por el final. Ya me comentaste lo de la conferencia pero resulta que las 12:00 para mí es una hora malísima, ya ni te digo a la hora que podría terminar aquello... Inviable mi asistencia.

    Como segundo plato espero no indigestarte, pero no me dejas otra que recomendarte de nuevo a Murakami, y no "Crónica del pájaro[...]" sino otro título para mí superior: "Kafka en la orilla". El tratamiento que recibe el amor y la sexualidad en este libro es muy griego, tal y como lo describes. Téngase en cuenta que esto, viniendo de un japonés, es raro raro raro... Aunque sí que es cierto que en la literatura todos tendemos a desinhibirnos.

    Y para terminar, el amor es muy "bonito", pero ¿qué opináis de la tontuna que deja?

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  2. para mi el amor no es bonito, el amor es amor...
    la tortura que deja, supongo que al no ser correspondido o compatible, depende de la persona, como en todo sentimiento que implique dolor.

    (la vida sigue siendo bella)

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  3. No, no, Sandra, dije "tontuna", no tortura. xD

    Y, según tu regla de tres de "el amor es amor", ¿por qué la vida es bella, y no vida?

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  4. porque no todo es lógico, y yo menos

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  5. ...lo bello no siempre está vivo...

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